La inclusión de la Escritura Creativa como disciplina en el Proyecto de
Ley de Enseñanzas Artísticas tendría muchos efectos positivos en el
sector cultural y en la sociedad.
Primero, repararía el agravio que se ha cometido con la escritura en todas
las regulaciones legales de las disciplinas artísticas. La escritura
creativa es una disciplina artística transversal que supone el motor
creativo de artes como la literatura, el teatro, la creación audiovisual,
la música, la literatura o la divulgación humanística. Asimismo, sus
programas de estudio promueven la creatividad, el fomento de la lectura,
la ampliación del
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bagaje cultural, el desarrollo del pensamiento crítico, la igualdad de
género y el respeto a la diversidad, y la difusión de las lenguas y el
imaginario cultural propio de cada territorio.
Además, permitiría el desarrollo y difusión de las lenguas cooficiales del
Estado en materia de creación literaria. Esto facilitaría su competencia
internacional para obtener una mayor influencia y fortalecerse en los
sectores editorial, docente, audiovisual y cultural en general, en el
marco actual de una posición hegemónica de unos pocos grupos
internacionales en la distribución y creación de contenidos culturales.
También permitiría la consideración de las escuelas de escritura creativa,
con una larga tradición en el estado, como centros de formación
artística. Esto reconocería una labor docente que se desarrolla desde
hace más de 50 años, y permitiría a las escuelas de escritura crear
programas de formación superior en Escritura Creativa convenientemente
homologados.
La inclusión de la Escritura Creativa como disciplina en el Proyecto de
Ley de Enseñanzas Artísticas también crearía puestos de trabajo para
muchos escritores y escritoras, y permitiría a las profesoras y
profesores de Escritura Creativa desarrollar su carrera en ese ámbito y
validar su experiencia profesional de cara a concursos de méritos.
Facilitaría los intercambios docentes con otros centros a nivel estatal e
internacional, y evitaría situaciones paradójicas como la de que un
guionista o un autor teatral sí puedan recibir una formación superior
oficial, mientras que una novelista o un cuentista no.
Además, permitiría al alumnado disfrutar de una enseñanza de calidad y
homologada, porque sus titulaciones tendrían validez en el marco docente
europeo y en todos aquellos en los que existe reconocimiento de
titulaciones con nuestro territorio. Favorecería la participación de los
alumnos en programas de intercambio en Europa, como Erasmus+, y en el
resto del mundo, así como la creación de una red de contactos
internacionales con escritoras, traductoras y profesionales literarias.
Esto facilitaría la traducción y publicación de sus obras en dichos
países y lenguas, contribuyendo a difundir internacionalmente la
literatura escrita en cualquiera de las lenguas oficiales.
Permitiría a las escuelas de escritura creativa planificar con
universidades y otras escuelas de arte programas conjuntos de posgrado o
de doctorado en escritura creativa, tanto en el ámbito del estado español
como en el internacional. Actualmente, estas colaboraciones están
frenadas por la falta de oficialidad de los estudios de escritura
creativa.
Finalmente, el carácter transversal de la escritura creativa permite
desarrollar programas combinados con otras disciplinas artísticas como la
creación audiovisual, la música, el teatro, la danza o el diseño para
crear proyectos transmedia que promuevan, en el ámbito de un futuro
Campus de las Artes, el intercambio de conocimiento y la experimentación
artística.